El
énfasis en la traducción bíblica ha sido una nota distintiva de la
práctica misionera del protestantismo.
Las grandes misiones de
origen protestante florecieron especialmente en los siglos diecinueve
y veinte. Un componente fundamental de su práctica fue la traducción
de la Biblia a las lenguas vernáculas de las tierras en las cuales
los misioneros plantaban iglesias. En lugares como Filipinas o
Latinoamérica los misioneros católicos en el siglo dieciséis
estudiaron las lenguas indígenas, compilaron diccionarios y
tradujeron catecismos a dichas lenguas, pero no tradujeron la Biblia.
Sólo tres siglos más tarde se traduce la Biblia a las lenguas
nativas del pueblo en esos lugares, cuando llegan los misioneros
protestantes en el siglo diecinueve.
El efecto de esta convicción en la misión es que
se supone que quienes escuchan el mensaje de Cristo por primera vez
deben tener la posibilidad de leer la Biblia en su propio idioma. La
traducción de la Biblia también fue considerada indispensable para
la formación de un pastorado nativo, como paso inmediato luego de la
evangelización. Esta práctica tuvo también un efecto cultural
inmediato.
La
lectura de la Biblia es fundamental, por consiguiente, las escuelas
primarias y la alfabetización eran también una necesidad lógica
porque si el pueblo cristiano debe nutrirse de la Palabra de Dios,
necesita estar en condiciones de leerla.
Fuente: https://youtu.be/TOYtlMTxZOg
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